Ahora... soy el mayor
Les contamos que van a tener un compañero de juegos, prácticamente como tener un amigo viviendo en casa... pero se encuentran con un bebé que no juega, no habla, llora y... le "roba" el tiempo y la atención de sus padres, ¿dónde está la ventaja de ser hermano mayor?
Con nuestra mejor intención y con gran alegría contamos a nuestro hijo la próxima llegada del hermanito. Dependiendo de la edad, puede que tenga una idea más o menos acertada de lo que se va a encontrar. Pero en muchos casos es esa «venta» que les hacemos de lo genial que va a ser lo que hace que se unan los inevitables celos con una sensación de decepción.
Dice Penélope Leach en uno de sus libros, Bebé y Niño, qué como nos sentiríamos nosotros si nos dijera nuestra pareja que va a traer a otro hombre o mujer a vivir con nosotros, y que va a ser estupendo, porque nos va a ayudar a hacer las tareas de casa, a cuidar de nuestros hijos e incluso que estaremos siempres juntos los tres. ¿Nos parecería una ventaja?
A veces hay que ponerse en el lugar del niño para entender lo que siente, y para ser lo más objetivos posible a la hora de contarles esta estupenda noticia, pero que al principio quizá no lo sea tanto.
Los inevitables celos
La llegada de un nuevo hermanito a la familia es un motivo de alegría para todos, pero también implica muchos cambios en la estructura y la dinámica familiar que afectan a todos los miembros y que suelen costar un poquito más al, hasta entonces, “hijo único”. Es frecuente que, a pesar de que tratemos de emocionarle y hacerle partícipe de la llegada del hermanito, el niño que ha pasado a ser “hermano mayor” sienta celos.
Este sentimiento es prácticamente inevitable, ya que por mucho que nos esforcemos para que no se sienta desplazado, todos nosotros deseamos ser únicos para las personas que queremos y el hecho de que aparezca una nueva persona y sea deseada por alguien importante para nosotros (los padres) hace que nos sintamos inseguros y celosos.
Desde esta perspectiva, y dada la alta probabilidad de que estos celos aparezcan, vamos a tratar de minimizarlos y de ofreceros recursos que puedan ayudaros durante este “tiempo de adaptación” a esta recién estrenada situación familiar.
Algunas conductas también frecuentes
Es habitual que asociemos los celos a sentimientos negativos que no “debemos” tener o manifestar, pero también forman parte de nuestro desarrollo y crecimiento personal y nos permiten aprender y madurar. Por esta razón los padres no debemos preocuparnos en exceso por ellos, salvo que se prolonguen excesivamente en el tiempo, que dificulten o imposibiliten seriamente nuestra vida familiar o que supongan un peligro real para alguna de las personas implicadas. Lo que sí debemos hacer es empatizar con el niño que se siente así y acompañarle en estas «nuevas emociones» que está sintiendo y que no puede controlar.
Conocer cuáles son los síntomas más habituales de manifestación de celos en los niños también puede ayudarnos a sentirnos más tranquilos. No obstante, debemos tener en cuenta que estas conductas variarán en función de la edad de los niños, de su carácter y de la forma en la que actuemos los adultos para reconducirlos.
Si el nuevo integrante familiar utiliza chupete, no controla esfínteres, solo se calma estando en brazos, y los padres están tan atentos a él... lo mismo es una buena idea imitarle. Y si no, en cualquier caso, va a servir para lo que necesitan: llamar nuestra atención. Recuperar el protagonismo que creen perdido. Además, si el hermano mayor es menor de seis años debemos saber que, por su desarrollo cognitivo, aún no está en situación de empatizar, de inhibirse o de controlar sus emociones.
Es bastante frecuente imitar conductas propias del “hermano pequeño” que ya tenían completamente superadas como: querer utilizar de nuevo el chupete, el biberón, utilizar un lenguaje más infantil del que les corresponde, demandar que les llevemos en brazos, volver a hacerse pis, chuparse el dedo… Y también lo son comenzar a tener comportamientos menos habituales o acentuarse algunos que ya había mostrado como: rabietas, llantos, agresividad, desobediencia, ignorar al nuevo hermano, no querer separarse de sus padres en ningún momento (por sentirse inseguros), etc.
Aunque son menos frecuentes, también podemos encontrar que los síntomas son físicos, generando la dificultad adicional de conocer si las causas son físicas o emocionales. Entre ellas encontramos: alteración del sueño (pesadillas, dificultad para conciliarlo…), de la alimentación (falta de apetito, vómitos, dolor de tripa…), dolores de varios tipos que, en ocasiones, sienten realmente y en otras se imaginan, etc.
El objetivo de muchos de estos síntomas, en gran parte de las ocasiones, será llamar la atención de los seres queridos para recuperar lo que creen perdido, restando así protagonismo al nuevo hermano. De ahí que debamos darles la importancia justa, analizando con objetividad la causa y dándoles esa atención y esa dosis extra de afecto que nos están demandando sin que tengan la necesidad de realizar estas llamadas de atención que son normales y que se irán minimizando a medida que la vida familiar incluya al nuevo miembro.
¿Qué podemos hacer para ayudarles? Empezando bien desde el principio
No adelantar la noticia en exceso
Claro que estamos deseando contárselo, pero por un lado es conveniente estar seguros de que todo va bien en el embarazo antes de hacerlo, y por otro, debemos tener en cuenta que la concepción del tiempo de un niño no es la nuestra. Si no queremos que se le haga «eterno», es mejor esperar hasta que sea algo evidente. Teniendo la precaución de informar a las personas que ya lo saben, que no se lo digan al niño. Esta noticia corresponde a los padres dársela, porque lo harán con el afecto y la naturalidad necesaria, aportándoles la seguridad de que siempre será importante para nosotros. Porque, aunque parezca imposible, se puede querer mucho y de la misma forma a todos nuestros hijos.
¿Cómo decírselo?
Con explicaciones adecuadas a su edad y grado de maduración. Si es menor de dieciocho meses su dominio del lenguaje no le permitirá entender bien la situación, por lo que no será mucho lo que podamos hacer para prepararlo. Pero por otro lado un niño tan pequeño tampoco recordará el tiempo en el que fue “hijo único”, aceptando con mayor naturalidad la nueva situación.
A los niños más mayores les haremos partícipes de lo que va a suponer el nacimiento del hermano de una forma cercana y realista, incluyéndoles en los preparativos y las actividades que realizaremos con el bebé y en las que él pueda participar, evitando crear falsas expectativas acerca del recién llegado. Por ejemplo, evitaremos decirle que va a tener un “compañero de juegos”, ya que no lo será cuando llegue a casa, en todo caso podremos decirle que lo será en el futuro (si la edad del niño le permite comprender la temporalidad). Para que tenga una visión más realista de lo que es un bebé podemos hablarle de lo que hacen, enseñarle fotos de cuando él lo era, ver sus vídeos… También es recomendable evitar decirles cosas que quizá no podamos cumplir (que solo estaremos en el hospital un par de días, que seguiremos comiendo juntos todos los días, etc.).
Los cambios mejor antes
Si necesitamos realizar algunos cambios en la casa o en las costumbres familiares para adecuarlas a la llegada del nuevo miembro de la familia, intentaremos realizarlos con tiempo para que estén instaurados antes de la llegada del bebé. Por ejemplo, si el niño aún duerme en cuna y la vamos a necesitar para el bebé es preferible cambiarle a la cama cuanto antes y tener la cuna vacía unos meses a que el niño sienta que su hermano se la ha quitado o tenga un sentimiento de pertenencia ante ella.
Igualmente debemos adelantar o aplazar aquellos cambios significativos para el niño como la retirada del pañal, el chupete, dejar el biberón… que requieren cierta estabilidad emocional y que pueden versa afectados por la llegada del bebé, para iniciarlos con mayores garantías de éxito. También es recomendable que el niño tenga una “vida independiente”, que asista a la Escuela o que tenga amigos con los que le guste jugar, casas de familiares en las que le guste estar… de forma que no tenga que estar permanentemente en casa con el nuevo bebé, sino que pueda reafirmarse y valorarse como una personita independiente que tiene sus propias actividades.
La llegada a casa
Llegó el momento de comprobar si nuestros preparativos han dado sus frutos… Lo más importante es dar tiempo al niño para aceptar la nueva situación y a su pequeño hermano. Sin imponerle que “le quiera”, ya que realmente aún no se ha ganado su afecto y lo único que lograremos si insistimos en que le bese, abrace, etc. es hacerle sentir mal por hacer cosas que no siente, por “no quererle”, o por no cumplir con nuestras expectativas. Tal vez simplemente muestre poco interés por el bebé, en este caso tampoco debemos preocuparnos, únicamente necesita su tiempo.
Para favorecer sentimientos positivos hacia el hermano pequeño podemos hacerle creer que el bebé siente preferencia por él, exagerando “un poquito” la utilización que los bebés hacen de la sonrisa (los bebés sonríen ante cualquier rostro sonriente que haga ruidos, y aún más si éste es el de un niño). Destacando delante de los familiares y las visitas que es el que más le hace reír, que le encanta su hermano mayor… Algunas familias optan porque el bebé traiga un regalo al hermano mayor para iniciar así una relación afectuosa entre ambos, también puede ser buena idea, e incluso sin tener que recurrir a esa pequeña mentira bien intencionada, se le puede decir que le hemos comprado un regalo de parte de su hermano pequeño para que recuerde este día tan importante en el que se ha convertido en hermano mayor.
También suele ser eficaz hablar con el primogénito de “igual a igual”, comentándole o preguntándole lo que cree que el bebé puede sentir o necesitar (“¿se habrá enfadado por despertarle?”, “¿crees que llora porque tiene hambre?” …) e incluso que decida entre opciones que hemos elegido nosotros previamente, la ropa que le vamos a poner, el juguete que va a llevar al paseo… De esta forma el niño siente que se valora su competencia y que participa como un adulto en la satisfacción de las necesidades del pequeño, tal y como lo hacen sus padres.
Te ayudo
Si el niño lo desea podemos incluirle, en la medida de sus posibilidades, en las actividades diarias relacionadas con el cuidado del bebé para que aumente su relación con él, como ayudarnos en el baño, darle el biberón, etc. Además, podemos relacionar estas actividades con las que realizábamos con él cuando era un bebé, evitando insistirle en que ahora es un “muchachote”, ya que podemos producir el efecto contrario: que quiera ser un bebé para recibir las mismas atenciones que su hermanito. Lo ideal es que él entienda que al ser mayor no sólo puede hacer todo lo que hacen los pequeños, sino también algunas cosas de las que hacen los mayores.
Ahora no puedo
Habrá algunos momentos en los que no podremos atender las necesidades de los dos niños a la vez. En estos casos no nos quedará más remedio que priorizar y decidir que es lo más importante. Por ejemplo, ante las necesidades físicas del bebé o la demanda de juego del hermano mayor, tendremos que explicar con afecto, pero con seguridad, que tenemos que atender al bebé antes de poder jugar y que podremos hacerlo despues, cuando el pequeño se haya dormido. Cumpliendo siempre lo que hemos prometido en cuanto podamos.
Un tiempo solo para tí
Y sin duda alguna, es una estupenda idea dedicar un tiempo en exclusiva a nuestro hijo mayor, evitando que en ese tiempo surjan contratiempos que hagan que tengamos que aplazar nuestro momento juntos. Para ello es buena idea elegir un horario en el que otra persona pueda ocuparse del bebé para centrarnos en él. Lo necesita, y además, si sabe que todos los días tendrá su propio tiempo de exclusividad, le resultará más fácil aceptar el tiempo en el que tiene que compartirnos.
Tener un hermano es, no solo una excelente noticia, también se convertirá en el mejor amigo de tu hijo y en ese acompañante de vida que será insustituible. Sólo necesita tiempo para descubrirlo, y una gran dosis de afecto para que lo que , en principio, puede vivir como una perdida, se convierta en una ganancia para siempre.
Ana Muñoz
Pedagoga especializada en Educación y Neuropedagogía infantil

